martes, 22 de mayo de 2012

Hector Baptista-transfiguraciones

Hector Baptista
Transfiguraciones

Del jueves 10,
 al jueves 31 de mayo de 2012
Museo de Arte Visuales 
San Cristobal - Venezuela


La transfiguración es una transformación de algo e implica un cambio de forma de modo tal que revela su verdadera naturaleza. 

Hoy día en nuestra sociedad observamos cambios a los que se someten ciertos individuos, en búsqueda de una belleza que el entorno desea que falsamente posea, esas metamorfosis que muchas veces terminan en deformaciones físicas y en ocasiones espirituales y que los tratamientos quirúrgicos no pueden ocultar, es lo que trato de evidenciar a través de mis trabajos. 

Los cambios estéticos dejan, a mi modo de ver, a flor de piel una naturaleza deforme (fea) que la belleza de la intervención quirúrgica no puede tapar, una búsqueda constante por lo bello termina en una deformación de esa misma belleza buscada y anhelada, expresada en términos de rostros cocidos, labios intervenidos, cuellos alargados, ojos que se lo dejan ver su cavidades como madrigueras insondables de espíritus malignos, en suma se trata de reflejar ese ser deforme que queda descubierto. 

Todo esto viene a ser un sin sentido estético que la sociedad de consumo y sus particularidades ponen en ojos de los individuos. Los convierte en seres que miran a través de pequeños orificios, por lo general inamovibles y que hacen de la vida algo regurgitado, redigerido, construido por otros. 

Se convierte la realidad en un tamiz artificioso que como extraño y vaporoso velo, hace que entendamos el entorno como si de continuos spots publicitarios, desfiles de moda y ajenas y perfectas vidas se trataran. Constante búsqueda de satisfacción de deseos que pretenden pasar por necesidades. 

Se crea un imaginario que se apodera del incauto y falsea su realidad, pervirtiendo su relación con el contexto, creando uno paralelo signado de glamour, “belleza” y ¿perfección...? Donde campea el artificio, la doble moral y la inversión de valores, donde la obsesión por lo estéticamente aceptable o deseable es la norma. 

Esta especie de autoinvención se vincula con la búsqueda del placer como satisfacción del deseo. 



En esta línea teórica debemos ubicar a los franceses Foucault y Deleuze, quienes siguiendo la corriente nietzscheana enfatizan que detrás de las construcciones de significación se encuentra siempre el deseo como único motor. 

El deseo es entonces experimentado como vacío y carencia, como ausencia generadora de insatisfacción, y a la vez como impulso de búsqueda hacia un estado de satisfacción y placer que motiva la elaboración y el consumo de “mundos oníricos”, es decir construcciones artificiales e ilusorias acerca de la realidad que terminan siendo consideradas como más reales que la realidad misma. 

¿Qué tal si evidenciar las inconsistencias que por temor las obviamos, qué tal si nos dejamos llevar por lo ambiguo e irreverente?, ¿Qué mundo nos conseguiremos al quitar esa máscara a una cotidianidad ilusoria que nos esmeramos en construir y hacer nuestra? 


Entonces, al estar atentos podemos observar un mundo hecho de plástico, que como metáfora de lo vacío y superficial en lo que se convierten nuestras vidas, nos habla de lo presente y ausente que a la vez vive en nosotros. 

Por tanto, este trabajo artístico pretende develar nuestras inconsistencias, nuestras vidas llenas de nada, explorar estos “mundos oníricos” que se hayan reflejadas en una serie de dibujos de mi autoría que se articularán con otras experiencias, buscando un punto de encuentro, espacios comunes y formas de decir las cosas desde lo convergente. 

También se busca establecer una postura de indagación a través de lo lúdico, donde elementos de cuerpos de mujeres anoréxicas conviven con partes anatómicas que recuerdan la voluptuosidad y generosidad de carnes de la estética barroca. 


Contraposición de formas que hacen que surjan dudas y preguntas ante un espectador huérfano de referentes directos, de discursos visuales generosos ante la percepción de un aspecto de la realidad. 

Ahondamos en esta realidad, no de manera tibia, no de forma gentil, más bien si buscando sacudir y estremecer el sentido estético tan domesticado y amodorrado del espectador. Buscando en ello, “el deber de provocar” como dice Oliveiro Toscani. 

Héctor Baptista

Agradecemos a Hector Baptista por el envío de esta invitación

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